Anecdotas de Facundo Cabral
“El ahijado”
El poeta indio Tagore, que bautizara “mahatma”, es decir, alma grande, a Ghandi, decÃa que cuando el hombre trabaja, Dios lo respeta, más cuando el hombre canta Dios lo ama.
Mi madre poco antes de morir, me dijo: muero contenta porque cada vez te pareces más a lo que cantas.
Juan Francisco, mi ahijado, dice, a sus dos años de edad, que soy artista porque canto, y que canto para poder comprarle chocolates, que es lo más razonable que escuché sobre mi oficio.
“Borges”
Cuando le pregunté a Borges porqué no habÃa libros suyos en su biblioteca, me dijo: porque sigo teniendo el hábito de la buena lectura.
Cuando le pregunte qué le habÃa parecido Arreola, que acababa de visitarlo, me dijo: es un verdadero caballero, me dejó dos o tres silencios.
Cuando le pregunté por Cien años de soledad, que le habÃan leÃdo, me dijo: los primeros cincuenta años son memorables…
Al verme asombrado por su presencia en mi concierto, Ray Bradbury me dijo: me asombra que se asombre de encontrar un Bradbury viniendo de un paÃs que tiene un Borges que es asombroso.
“La Madre Teresa de Calcuta”
Pregunté a la Madre Teresa en Calcuta: ¿cuándo descansa? y me dijo: Descanso en el amor. Le pregunté: ¿cuál es el lugar del hombre? y me dijo: Donde sus hermanos lo necesitan. Le dije: nunca la escuche hablar de polÃtica, y me dijo: Yo no puedo darme el lujo de la polÃtica, una sola vez me detuve 5 minutos a escuchar un politico, y en esos 5 minutos se me murió un viejecito en Calcuta.
Cada vez que yo entraba a la casa de la Madre Teresa, sentÃa que Dios recién habÃa salido.
Una señora, impresionada por verla bañar a un leproso, le dijo: yo no bañarÃa a un leproso ni por un millón de dolares, a lo que Teresa contestó: Yo tampoco porque a un leproso solo se lo puede bañar por amor.
“El viejo Tarahumara, el campesino chino”
Pregunté a un viejo Tarahumara porqué no usaban armas para defenderse de los cuatreros, y me dijo: Si las armas fuesen necesarias, habrÃamos nacido con ellas.
Me dijo un campesino chino: Si quieres ser felÃz un dÃa emborrachate, si quieres ser felÃz una semana cásate, si quieres ser felÃz toda la vida se jardinero.
“El maestro Rubinstein”
En el Campo di Fiore, en el trastevere romano lo encontré, dándole migajas a las palomas. Le pregunté: ¿Usted es el que yo creo? y me dijo: Yo soy el que tú quieras. Le pregunté: ¿Usted es el maestro? Y me dijo: No, maestro es el que te puso delante de mi y a mi delante de ti. Yo soy Arthur Rubinstein.
“El regalo de la libertad”
Cuando me fuà de mi casa, niño aún, mi madre me acompañó a la estación, y cuando subà al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida, el segundo la libertad para vivirla.
La oración dilecta de mi madre decÃa: Señor, te pido perdón por mis pecados, ante todo por haber peregrinado a tus muchos santuarios, olvidando que estás presente en todas partes. En segundo lugar, te pido perdón por haber implorado tantas veces tu ayuda, olvidando que mi bienestar te preocupa más a ti que a mi. Y por último te pido perdón por estar aquà pidiéndote que me perdones, cuando mi corazón sabe que mis pecados son perdonados antes que los cometa, ¡ tanta es tú misericordia amado Señor!.
“La mayorÃa es buena gente”
Alguna vez me preguntó mi madre: ¿cuándo vas a dejar de pelear para comenzar a vivir?, ¡porque no se pueden hacer las dos cosas a la vez!.
Mi madre creÃa que que el dÃa del Juicio Final el Señor no nos juzgará uno por uno -ardua tarea- sino el promedio, y si juzga el promedio estamos salvados porque la mayorÃa es buena gente.
El bien es mayorÃa, pero no se nota porque es silencioso -una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que construyen la vida-.
DirÃa mi madre: Si los malos supieran qué buen negocio es ser bueno, serÃan buenos aunque sea por negocio.
Via: Anecdotas
Thank you for reading this post. You can now Leave A Comment (0) or Leave A Trackback.
Post Info
This entry was posted on Monday, June 11th, 2007 and is filed under Musica.You can follow any responses to this entry through the Comments Feed. You can Leave A Comment, or A Trackback.
Previous Post: A las seis de la mañana (Facundo Cabral) »
Next Post: Mensaje de Vida (Facundo Cabral) »



























